DOOM: El regreso a los orígenes.

Ya hace más de dos décadas que esta mítica saga revolucionó el mundo de los videojuegos, pero no nos encontramos en los años noventa. El mundo ha evolucionado mucho desde entonces y, con él, la industria de los videojuegos a pasos agigantados. Ya no es tan sencillo innovar y, aparentemente, las mejoras técnicas están cada vez más centradas en la realidad virtual. Entonces ¿cómo hacer para destacar en un mundo en el que no puedes volver a inventar la rueda? Los chicos de id Software parecen apostar por ir a simple y efectivo, ya que han creado un título que va directo al grano desde el primer minuto.

Cuarta entrega de una de las sagas más revolucionarias de los FPS y del mundo de los videojuegos. 

Éste es un título que da al seguidor de la saga y al jugador de FPS exactamente lo que quiere: grandes dosis de acción frenética, pocas pausas y una gran cantidad de formas de matar demonios, todas ellas con cantidad extra de sangre y desmembramientos. Todos los elementos están pensados para empoderar al jugador y que éste se sienta como una verdadera máquina de matar. Veamos cuáles son las características principales de este título y por qué ha sido recibido gratamente por la crítica y la comunidad.

A estas alturas todo sabemos de qué va Doom, por lo que es un gran acierto no darle demasiada importancia a la historia. El guion no entra en detalles y la trama parece totalmente irrelevante, una mera excusa para ir a la parte que todos deseamos: destrozar hordas y hordas de demonios. Aunque el relato toma forma de cara al final, abierto a una secuela que veremos muy probablemente, no es necesario profundizar en absoluto y se agradece el ritmo ágil con las pausas medidas que presenta la experiencia de juego. Esta revisión del clásico toma la fórmula que hizo grande la saga y la adapta a los estándares actuales de desarrollo, con una buena proporción entre momentos de combate y exploración. Además, el sistema de progresión nos recompensa constantemente con mejoras de personaje y armas que probar e introduciendo enemigos nuevos hasta un punto avanzado de la historia. Sumando los dos modificadores de disparo que tiene cada arma y las runas que proporcionan mejoras pasivas, quedan abiertas varias vías de personalización para adaptar el estilo de juego a nuestras preferencias.

El gameplay es altamente ágil y fluido, con una kinestética altamente satisfactoria. Esta sensación se logra mediante varios elementos (tanto a nivel artístico como de programación y animaciones) como moverse constantemente a la máxima velocidad sin necesidad de una función de sprint, el sistema de doble salto y de agarre a salientes, la fuerza patente de las armas, la carencia de la necesidad de recargar… Todas las armas se sienten potentes al impactar en el enemigo y debo destacar mi favorita, el cañón Gauss, que es incluso capaz de hacer retroceder a nuestro masculino protagonista si dispara permaneciendo estático. Las Glory Kills, es decir, animaciones especiales para ejecutar enemigos dañados, son espectaculares y muy variadas dependiendo del miembro del cuerpo al que apuntemos. Si a estas eliminaciones cuerpo a cuerpo le sumamos la variedad de mods para armas comentada anteriormente y otras armas secundarias como la moto o un viejo y verde amigo que todos reconoceréis.

El cañon Gauss es lo más parecido a un francotirador que encontraremos, gran daño incluso en largas distancias.

El diseño de niveles nos invita constantemente a la exploración, ya que el descubrimiento de zonas secretas se recompensa no sólo con munición, vida, armadura o mejoras para nuestro personaje, también con momentos de “flashback” nostálgico en forma de niveles clásicos del Doom original. Los objetivos de las misiones nos terminan guiando por la práctica totalidad de los mapas, amplios y con multitud de niveles de altura, pero sin llegar a aburrir ni resultar tediosos. Existe esa sensación de satisfacción que tenemos al ver el mapa descubierto por completo, con todos los secretos y coleccionables desbloqueados. Las Rune Trial, pequeñas pruebas a contrarreloj que nos recompensarán con runas equipables, son divertidas y suelen merecer la pena debido a las recompensas en forma de beneficios pasivos que pueden resultar muy útiles. Es en definitiva uno de esos títulos que invita a tomar caminos secundarios y tomarnos algo de tiempo para explorar en detalle, haciendo además que estos esfuerzos merezcan la pena y no se sientan como una pérdida de tiempo o relleno.
 
Una de las claves para comprender la diversión simple pero efectiva que proporciona Doom es el empoderamiento del jugador. Constantemente visitamos localizaciones que podrían pasar perfectamente por escenarios para títulos de terror, sin embargo, no tenemos miedo en ningún momento. De hecho, son los demonios los que deberían tener miedo de nosotros. Esto es una consecuencia de la cantidad de herramientas que se le da al jugador para eliminar (de forma brutal en la mayoría de ocasiones) a sus enemigos. Aunque en las dificultades más altas debemos respetar considerablemente el daño que hacen los enemigos, los elementos comentados anteriormente crean un conjunto en el que el jugador se siente superior a las hordas de demonios que enfrenta. Por la parte visual tenemos una saturación de explosiones y enemigos en pantalla y por la parte auditiva la predominancia de la batería, la guitarra eléctrica y el bajo en un estilo metal o hardcore acompañan las matanzas con un ritmo vertiginoso que se va adaptando a los diversos momentos de la batalla. Además, el frenético ritmo del gameplay nos obliga a estar en constante movimiento, saltando y girando la cámara constantemente para controlar nuestro entorno. Los colosales bosses que enfrentamos a lo largo de la historia, aunque escasos, también presentan un buen desafío que reforzará esa sensación de poder con todo lo que se presente en nuestro camino.

Durante nuestras visitas al Infierno encontraremos las batallas más duras y satisfactorias.

Por supuesto, el título no está exento de fallos o aspectos que personalmente considero negativos. Sin embargo, no sirven para empañar la gratificante experiencia de juego que he tenido durante las doce horas que me ha llevado superar el modo campaña en dificultad Ultra-Violence. Simplemente destacaría el concepto erróneo que parece tener en los momentos finales de la escalada en dificultad, limitándose a echarnos a la cara los mimos tipos de enemigos que hemos visto en una ración doble. Si buscas un título directo, sencillo y de diversión inmediata, Doom es para ti. Personalmente soy muy favorable a la evolución y el camino a la madurez del medio interactivo, buscando constantemente nuevas formas de contar historias, pero también debemos recordar lo que hizo grande al medio en sus orígenes. Nunca está de más disfrutar como lo hacíamos cuando Doom salió al mercado originalmente, sin pretensiones ni complicaciones, simplemente contando con buenas mecánicas y ritmo que garantice la diversión de principio a fin.

This entry was posted on lunes, 5 de septiembre de 2016 and is filed under ,,,,,,. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. You can leave a response.

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